viernes, 8 de mayo de 2009

Buen viaje, maldita influenza...

El fin de semana anterior, cansado de tanta monotonía porque no había nada que hacer en el DF, corrí con la suerte de que mi padre tuviera unas cortesías en la cadena City Express, para toda la familia, 3 noches. Originalmente íbamos a ir a Monterrey a una boda, pero como se pospuso, decidimos ir a Celaya a visitar a mis tíos y mis primas (el hermano de mi mamá, su esposa y sus dos hijas).

Celaya es una ciudad tranquila... Demasiado para mi gusto. No sé si fuera el hecho de que todo mundo seguía (¿O sigue?) aterrado por la influenza, o que de plano en esa ciudad nunca pasa algo realmente divertido. Pero bueno, el caso es que viendo a la familia todo mejora. Al menos ya habían más cosas para ver, como Parque Celaya (que es tan grande como cualquier mini-centro comercial de esos que les ha dado por poner para acompañar a los súper mercados -y no que el súper acompañe a la plaza-), la Alameda (una especie de Coyoacán que, por la influenza, no tenía muchos puestos interesantes salvo comida).

El lunes nos despedimos y partimos a San Miguel de Allende. Caramba... ¡Me FASCINA esa ciudad! Es uno de esos lugares que puedo visitar una y diez mil veces y nunca me aburriré de recorrer sus calles, tampoco me aburriré de cansarme caminando bajo el sol por caminos que, si bien no rebozan alegría, siempre tienen un secreto nuevo que contar dentro de ese aire colonial. Definitivamente algún día viviré ahí, aunque ya sea cuando esté más arrugado que una pasa.

Después partimos a Querétaro, donde pasamos el resto del día en el hotel para, al día siguiente, ir a recorrer su Plaza de Armas/Centro Histórico, que me dio cierta nostalgia porque en otras ocasiones está plagado de puestecitos de artesanías y de gente abarrotando sus calles pero, de nueva cuenta por la maldita cuasi-apocalíptica (nótese el sarcasmo) influenza, se encontraban vacías.

En fin... espero no pase mucho tiempo para poder volver a ir a San Miguel y a Querétaro. Así como espero que su charada de la alerta se termine cuanto antes porque ya ni quien les crea a sus interminables exageraciones.

7 comentarios:

  1. No es por nada... pero tú mismo exageraste, no una, si no varias veces... C'mon...

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  2. Pues sí exageré en su momento, ¿Y luego? Ya que hablé con la gente indicada me tranquilicé y punto. Me di cuenta que efectivamente estaba exagerado el entorno, ¿O qué? ¿No se puede cambiar de punto de vista?

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  3. Y una cosa es exagerar en precauciones y otra es entrar en paranoia, cosa que nunca me pasó.

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  4. Sólo no pretendas, amigo. Jamás has tenido que demostrarle a nadie que usas bien tu cerebro, mi problema con lo que aquí escribes -fuera du tus nuevos tonos para defender tu punto-, es pa' variar, crees que lo sabes todo y que siempre serás el más ecuánime y vanguardista pensador por sobre la mayoría de la gente.

    Y no, no se puede cambiar de punto de vista.

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  5. No tienes razón en esas últimas tres líneas y media sobre mí, pero si es lo que crees, ni hablar.

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  6. ¿Y en las primeras dos sí? Jajaja... As you wish...

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